El término “inteligencia emocional” surgió hacia 1990, acuñado por los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, ya en la década de 1930 el psicólogo Edward Thorndike hablaba de una habilidad para manejar las relaciones sociales.
Mayer lo definía como “un grupo de habilidades mentales que ayudan a la persona a reconocer, entender y eventualmente a controlar sus propios sentimientos”.
Mayer:
“Representa una nueva etapa en la forma como vemos la relación entre pasión y razón”, señala Daisy Grewal en un artículo de la revista American Scientist, en el cual explica cómo a través de muchas épocas se ponderaba al razonamiento frío y se menospreciaban los sentimientos.
“Hay dos puntos importantes:
* Uno implica la comprensión intelectual de la emoción.
* El otro involucra a la emoción, que alcanza al mecanismo intelectual y trae pensamientos creativos e ideas”
Salovey:
“Subraya la idea de que el cociente emocional de una persona es mucho más importante que el intelectual, tan valorado y estudiado”.
Así lo confirma un estudio conducido por él en 2006, en la Universidad de Yale, en el cual se sometía a dos grupos a desempeñar la misma tarea. En uno, cada integrante recibía sugestión emotiva positiva y fue el que consiguió resultados más creativos en la prueba.
La Inteligencia Emocional del siglo XXI.
La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en nosotros mismos y en los demás.
No consiste en sofocar las emociones, sino más bien en saber dirigirlas y equilibrarlas.
Es una fuerza potente en sí misma, y es indispensable para poder llevar a cabo ciertas actividades relacionadas con la mente: control de calidad, desarrollo de competencias, valoración; entre otras.
Daniel Goleman:
“Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidad de sentirse satisfechas, ser eficaces en su vida y de dominar los hábitos mentales que favorecen su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional entran en batallas interiores que sabotean la capacidad de concentración en el trabajo y de pensar claramente”
“Nuestro QI es importante, pero no tanto como creemos. No puede ser alterado, mientras el coeficiente emocional (QE) puede aumentar, porque se aprende”
En la economía:
Desde que el desarrollo económico transformó la economía en economías basadas en el conocimiento y la economía intensiva en tecnología, nuestra visión de empresa mudó completamente y nuevos elementos, los intangibles, se convirtieron en componentes de valor fundamental.
La Inteligencia emocional presenta una nueva filosofía (reto): Nos obliga a armonizar la cabeza y el corazón.
Aptitudes básicas de la Inteligencia Emocional
- Conocimiento de uno mismo
- Autorregulación: Manejar las emociones de modo que faciliten la tarea entre manos.
- Motivación
- Empatía: Percibir lo que sienten los demás, ser capaces de ver las cosas desde su perspectiva y cultivar la afinidad con una amplia diversidad de personas
- Habilidades sociales: Relacionarse, interactuar, persuadir, dirigir, negociar, trabajo en equipo, etc.
La Inteligencia Emocional: Qué hacer?
- La inteligencia emocional se puede aprender.
- En el plano individual: Es posible identificar, evaluar y aumentar los elementos de la inteligencia emocional.
- En el plano grupal: Se tiene que afinar la dinámica interpersonal que torna más inteligentes a los grupos.
- En el plano empresarial: Revisar las jerarquías de valores para dar prioridad a la inteligencia emocional, en términos concretos de contratación, capacitación y desarrollo, evaluación de desempeño y ascensos.
- En estos tiempos; las empresas cuya gente colabore mejor tendrán ventaja competitiva, y es por lo tanto que la inteligencia emocional es muy importante.
Para identificar la propia Inteligencia Emocional se deben cultivar cinco habilidades, las cuales, según Daniel Goleman, están integradas a su vez por “competencias prácticas”, las cuales deben estar debidamente equilibradas.
Algunas sugerencias prácticas para ser emocionalmente listo.
1. Sea emocionalmente alfabeto: identifique y nombre sus sentimientos, no a las personas o situaciones.
2. Distinga entre pensamientos y sentimientos.
3. Tome responsabilidad de sus sentimientos. No los atribuya a nada ni nadie.
4. Use sus sentimientos para ayudarse a tomar decisiones.
5. Muestre respeto por los sentimientos de otras personas.
6. Use lo que otros llaman “enojo” como una energía para emprender una acción productiva.
7. Apoye los sentimientos de otras personas.
8. Practique constantemente la valoración de sus emociones y la de otros. Pregúnteles, con atención, cómo se sienten.
9. No advierta, comande, controle, critique, juzgue o sermonee a otros. En lugar de ello, escúchelos.
10. Identifique y evite a la gente intolerante, defensiva, irrespetuosa y negativa.
Conclusión:
La inteligencia emocional, según algunos psicólogos, no es nada más que el aprender a controlar nuestros sentimientos y nuestras emociones, ya sea para aprender a relacionarnos con los demás o para sentirnos seguros de nosotros mismos. Es importante esto ya que si nos dejáramos manipular por nuestras emociones, el contacto con las demás personas no sería el mismo, nos podrían evitar, solo por no tener un carácter fuerte y que se atenga a cualquier estado de ánimo y circunstancias de la sociedad que nos rodea.